viernes, 20 de marzo de 2009


Isabelle Dumarchey tenía diez años cuando una gitana le pronosticó que moriría sedienta y de pie, tal vez bailando, en un día de invierno muy lluvioso, de un año imposible de determinar. Sus padres no le dieron mayor importancia a esas palabras. Morir de pie, sedienta, un baile en invierno, la lluvia...Todo era estrambótico, tirando a absurdo y, por otra parte, bastante impreciso.

A mi jamás me diagnosticaron algo semejante a lo de Isabelle aunque a veces creo seguir un destino. Algo un poco estúpido. Creo estar persiguiendo algo que siempre permanece a lo lejos del horizonte. Y, hasta ahora, creía en pronosticaciones estúpidas que querían dar sentido a mi vida, sólo hasta ahora.
Por eso sumergiéndome en la primavera que se adentra, prefiero esperar protegida.


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